Donald Trump apenas lleva unos días en la presidencia de EE.UU. y ya está dejando claro que lo de hacer las cosas a “su manera” no era solo el tema de Sinatra que perpetró en el baile inaugural de la ceremonia de nombramiento. Uno de los elementos tecnológicos clave del presidente, del que ya hablamos, es el móvil.

Debido a su elevado nivel de seguridad, queda limitado a ser un tontófono con las funciones más básicas, apenas una decena de contactos autorizados y sin posibilidad de instalar ni una app adicional.

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Esto no le ha debido de gustar nada a Trump, habituado a twittear con tanta libertad como polémica. El caso es que según todos los indicios, el nuevo presidente está pasando olímpicamente de la recomendación/obligación del servicio secreto de sustituir su smartphone comercial por el modelo presidencial y según el NYT sigue tuiteando con su viejo Android y su cuenta @realdonaldtrump.

Esta actitud no solo no es segura porque al ser un terminal sin aprobación puedan acceder a sus datos. También es muy peligrosa, porque aunque no sea la cuenta oficial @Potus, cualquier hackeo puede tomar el control del contenido publicado y liar una gorda haciéndose pasar por Trump. No sería la primera vez, ya que en 2013 Trump perdió el control de su twitter debido a una app maliciosa.

Si esto ocurriese ahora, cualquier tweet de la cuenta de Trump podría confundirse con la del presidente de EE.UU. Esto es muy peligroso teniendo en cuenta el tipo de decisiones que está tomando y su influencia por ejemplo, en la cotización de las empresas. Una afirmación falsa o provocadora publicada en esta cuenta por un hacker podría costar millones de dólares, por no hablar de conflictos internacionales o levantamientos populares.

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