Paulo Fernández Gallo en los años 80 decidió dejar en el «banquillo» su futuro como clarinetista. Luego entró al servicio militar y se alistó como soldado a la guerra por la liberación de Angola. A su regreso, quiso retomar la música y sirvió como utilero en varias agrupaciones. Mientras cantaba en un grupo de aficionados fue «descubierto» por un especialista de la empresa Benny Moré y comenzó a ser fichado por varias orquestas como cantante hasta que fundó su propia agrupación Paulo FG y su Élite, con la que se convirtió en una de las figuras más populares de la música cubana.

—¿Cómo recuerdas tus inicios en las grandes ligas de la música cubana?

—Empecé a estudiar canto y tuve como maestro a Luis Carbonell, quien fue una de las figuras más importantes de mi carrera. El maestro elogiaba mi quehacer y me estimuló a trabajar con diferentes géneros, aunque él tenía preferencia porque interpretara boleros. A mí siempre me gustó la timba. Este género me atrapó porque me ofrecía un panorama muy creativo, me daba la posibilidad de involucrar elementos de la música afroamericana con la cubana, y esa perspectiva me incentivó mucho.

Cuando cantaba en un grupo de aficionados un colega que trabajaba en la empresa Benny Moré me recomendó para un grupo profesional de jazz. Entonces ingresé a los 23 años en el mundo de la música profesional. Después canté con la orquesta de Adalberto Álvarez en el último Festival de Varadero y en el año 87 integré la agrupación Dan Den con Juan Carlos Alfonso. Con Dan Den di a conocer temas como Me dicen suchel, Siempre hay un ojo que te ve, Ceniza y colillla, que pegaron bien fuerte. Luego seguí mi camino con Opus 13 y NG la Banda, pero mi intención era crear mi propia orquesta y perfilarme como cantante. Y en 1992 lo logré con la creación de mi propio grupo Paulo FG y su Élite. Quería cambiar un poco la forma de hacer música popular bailable cubana pero sin perder la esencia. Quería cambiar la sonoridad. Hice varias fusiones con mi primer disco Tú no me calculas, que comprendía ese éxito que venía arrastrando desde Opus 13 y lo incluí en mi disco debut.

—La timba fue un movimiento muy polémico y transgresor en su momento y, como todo lo transgresor, quizá no fue muy bien comprendido ¿crees que tu obra sufrió de alguna forma esa incomprensión?

—Creo que no. La música mía llegó como algo novedoso. Traje una forma de componer con una característica bastante singular en nuestro panorama sonoro. Yo arrancaba en un entorno melódico muy sutil, bien armónico, e iba in crescendo. Así fue la línea de Tú no me calculas. Empezaba como si fuera una balada y eso no pasaba en ese entonces. Luego le iba incorporando el ritmo y le daba más sazón hasta terminar en un timbón.

«Después vinieron otras agrupaciones como La Charanga Habanera y explotaron esa estrategia al máximo. Lo cierto es que en sus inicios la timba entraba con más efectos, con más fuerza orquestal. Y mi forma de asumirla me dio una característica muy singular en ese momento. Pero no sufrí ningún tipo de incomprensión, esa es la verdad».

—¿Tenías algún compositor de cabecera?

—José Luis Cortés era uno de los compositores que más me inspiraba. Me gustaba como abordaba la música en ese momento. Combinaba elementos del jazz, el funk con elementos de la música cubana como el son y la rumba. También tomé nota del trabajo que realizó Oriente López con Afrocuba, un grupo que seguía mucho.

—Pero varios de los cultores de la timba lamentan que en su momento de mayor expansión este género no alcanzó el apoyo necesario…

—Eso se resume en una falta de visión por parte de las instituciones cubanas. Cada orquesta logró de manera muy personal un sello identitario a partir de sus orquestaciones. Unas se caracterizaban por las formas armónicas y complejas de los tumbaos, la polirritmia y otras por las sonoridades de los trombones y las cuerdas de las big bands, así como el uso de las guitarras; este era el caso de mi orquesta. Yo siempre utilicé la guitarra eléctrica, traje un poco el funk a esta música. Nadie usaba la guitarra eléctrica en ese momento como complemento armónico, pero yo utilizaba los solos al estilo de los rockeros dentro de los mambos, los montunos.

«En Cuba no se le dio alas a este movimiento. La música cubana tenía mucha fuerza y llenábamos todas las plazas en el país. Pero se perdió un poco el sentido de lo que debía hacerse para salvaguardar a las orquestas que estaban haciendo buena música cubana. Atravesamos los momentos más difíciles del periodo especial. Tocábamos en cualquier sitio, recorrimos todo el país, apoyamos todos los procesos sociales con un swing tremendo, con conciencia. Si teníamos que posponer algo de valor económico por hacer conciertos, lo hacíamos».

—De utilero pasaste a ser uno de los músicos cubanos de mayor popularidad. ¿Cómo afrontaste ese tránsito?

—La fama no me afectó. Comprendí que si mi arte tenía un resultado de valor, me podían reconocer por ello. Yo vengo de una familia humilde. Mi madre, uno de los mayores ejemplos en mi vida, estudió literatura y teatrología y fue escritora y poetisa; mi padre, abogado y periodista, bajó de la guerrilla en la Sierra Maestra con un buen nivel jerárquico, pero fue un tipo normal, desprendido. Me crié en ese entorno donde aprendí que la sencillez era lo más importante. Por eso transité con mucha nobleza hacia la fama, porque yo era de la calle y siempre fui defensor de mi esencia. Nunca he querido irme de Cuba a pesar de tener múltiples oportunidades a lo largo de mi carrera.

— ¿Sientes nostalgia por el «boom» de la timba en los 90?

—Cada época tiene su momento, su razón de ser. Esta es otra y tengo, por ejemplo, tres hijos que también son fruto de mi carrera. Verlos crecer y ayudarlos lo mejor posible en ese tránsito, es otro de mis logros, de mi realización. Me gustó esa etapa pero ya cumplió su objetivo. Ahora me dedico a otros proyectos con todas mis fuerzas. Tengo una mirada bastante positiva porque la vida está llena de momentos imprevistos que debemos asumir. Vivo cada día pensando en un mañana mejor aunque la situación no esté muy buena. Soy un luchador en ese sentido.

—¿En algún momento de tu carrera llegaste a tener cuestionamientos hacia tu obra?

—Soy bastante atinado con mi repertorio. Cuando te atreves con tu creación, con tu proceso creativo, tienes que creer en tu obra y ser valiente a la hora de defenderla.

Yo recibí cuestionamientos sobre el año 2005 por combinar mi trabajo con el de algunos reguetoneros. Para ser sincero, todos los reguetoneros del momento se me acercaron y yo solo trabajé con dos o tres.

«Durante esa época grabé los temas Me gusta tanto y Te boté. Sin embargo dentro de mi línea de composición siempre cuidé lo que decía y buscaba una forma de decirlo sin formar polémica».

—¿Cómo asumiste esos cuestionamientos?

—Las críticas han ayudado en mi carrera. Por ejemplo, en la fase en que me combiné con algunos reguetoneros hice concesiones dado que durante mi carrera había hecho mucho y quería grabar algo distinto. En este sentido, dejé un poco de lado los temas más poéticos y la búsqueda de las melodías y armonías. Me fui a un panorama más simple, comercial. Me desdoblé un poco. Sin embargo, Te boté es uno de los temas más solicitados de mi repertorio, con el que me considero un pionero en la mezcla de la timba con el reguetón.

—¿Te arrepientes de algo durante esta etapa?

—Nunca me arrepiento de nada de lo que he hecho. Yo siempre encuentro en cada proyecto una lección para el futuro. Si no hubiera transitado por ahí, no me hubiera percatado de que aquello estuvo mal hecho. Todos tenemos aciertos y desaciertos. Los desaciertos también son buenos si uno es suficientemente inteligente para entender que no debe equivocarse dos veces en el mismo sentido. Eso forma parte de la dinámica de la vida.

—¿Por qué la timba no alcanzó mayor repercución internacional como otros fenómenos posteriores del calibre del Buena Vista Social Club?

—Eso se debe simplemente a una cuestión de plataforma. El Buena Vista se benefició de una plataforma muy diferente a la que tuvimos nosotros. Esa es una música que nos antecede y cuenta con una alta repercusión en el mundo. No estábamos hablando de nuevas creaciones que debían ponerse a prueba, era la marca dejada por grandes de la música cubana.

«La timba no llegó a las grandes discográficas internacionales ni caminó como esa música. Pero me siento muy orgulloso que el Buena Vista haya sido un grupo cubano y considero que esta música es la que nosotros revolucionamos después. Yo sigo reverenciando el papel jugado por ellos en la promoción de nuestro contenido musical más valioso».

—¿Consideras que existe una crisis en la música cubana como han afirmado algunos importantes artistas?

—No digo que la música cubana esté en crisis sino que ha tenido momentos críticos. Nuestros músicos son muy creativos, con gran repercusión social. Una muestra irrefutable de lo que digo es Sonando en Cuba. Allí ningún muchacho se presentó cantando la música que se baila en las discotecas, porque eso hubiera sido muy fácil.

Representaron la música cubana de raíz y lo hicieron de forma increíble. Cuando uno ve la calidad de estos jóvenes no puede decir que hay una crisis en la música cubana. En este momento, con la apertura al mundo en general, tenemos más presencia internacional en nuestro país y más perspectivas que en aquellos tiempos (años 90), en los que no contábamos con muchas cosas, sin embargo todos los días salía un tema nuevo a la calle para alimentar la fiebre por la música cubana.

—¿Por qué decidiste interrumpir los compromisos de tu carrera para impulsar Sonando en Cuba?

—El problema es que si para llevar a cabo un proyecto le tenemos miedo a que no existen las condiciones económicas, no hacemos nada. Yo quería realizar este proyecto y creía en él. He logrado muchas cosas en mi carrera, pero existía un entorno con el que no estaba muy conforme. No estaba conforme con que mis hijos llegaran a la casa con sus amigos y escuchaban la música que yo estaba oyendo y no supieran que era cubana, mientras andaban perdidos por ahí oyendo a Justin Bieber.

«Yo veo las necesidades de mi entorno y no puedo quedarme de brazos cruzados. Cómo va a venir Marc Anthony a pegarse en el mundo entero con un tema que Polo Montañés tenía engavetado. Aquí hay muchos cantantes que lo hacen mejor o igual que él. Pero debemos motivar a los creadores y darle valor a sus obras. Ese fue uno de los propósitos de Sonando en Cuba. Si no lo hacemos, se pierden los cantantes que tienen clase y nacen otros fenómenos. Sonando en Cuba el año que viene tiene otras pretensiones y quizá Gilberto Santa Rosa pudiera ser jurado si sus compromisos internacionales se lo permiten. Pero no se trata de un programa de televisión. El programa es solo la punta de lanza de un proyecto cultural, que abarca cátedras para la música popular, espacios para las presentaciones del talento nuevo y próximamente haremos una gira con los muchachos que han participado.

—¿Tus hijos escuchan la música que haces?

—Mi hijo mayor es rockero, sin embargo Sonando en Cuba lo acercó más a nuestro panorama sonoro y ahora escucha también música popular cubana. A otro le gusta el reguetón pero sufrió el mismo proceso del mayor. Y Giorgio, otro de mis hijos, es músico y siempre estuvo más atento a nuestros ritmos.

—¿En qué momento se encuentra Paulo FG y su Élite?

—Mi orquesta participó en todo el proceso creativo de Sonando en Cuba. Esta iniciativa se ha llevado todo el tiempo de nuestro trabajo. Ahora estamos haciendo un disco que esperamos publicar antes de fin de año y preparando otro para el próximo año por nuestro aniversario 25. Es complicado pero se puede. Hemos tenido que dejar giras internacionales, conciertos, pero Sonando en Cuba me permitirá crecer mucho más que cualquier otro proyecto.

ENTREVISTA DE: CUBADEBATE

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