A continuación reproducimos íntegramente el texto de Luis Silva: una reflexión salpicada con toques de humor pero, sobre todo, plena de amargas verdades.

Cuando uno sale de Cuba a otro país, te das cuenta de las cosas buenas que trae consigo el hecho de viajar: ver otras culturas, conocer nuevos paisajes, pasear, ver amigos; y sobre todo, salir de compras. Importante eso. Cubano que se respete lleva un papelito, con su listica de cosas que necesita comprar para llevarse a Cuba. Después que estás en la tienda te das cuenta de que la lista de cosas que necesitabas, era una basura. Descubres que todo lo que hay en la tienda, te hace falta. Y averiguas de qué forma pudieras llevártela entera para Cuba.
Pero viajar también nos trae un mal sabor. No sólo sentirte lejos de Cuba, de tu familia. Hay algo que no te puedes quitar de arriba a ninguna hora. Las malditas COMPARACIONES. No voy a meterme en si las tiendas de afuera tienen más productos o menos productos que las de nosotros; si están más surtidas o no. No es mi objetivo de este escrito. Eso ni lo voy a tocar, porque tendría que escribir un libro.
Mi primer tema es el trato en nuestras tiendas. Hoy mi esposa tuvo la amarga experiencia de entrar en una de las tiendecitas del FOCSA, en el Vedado. Una tiendecita de confecciones, con ropa, trusas, juegos de sábanas, etc. Un pequeño espacio que no tenía más clientes que ella. Las dos tenderas estaban conversando. Después de hacerle una pregunta a una de las tenderas, la cual fue respondida con pocas ganas, mi esposa sigue mirando unas sábanas que vendían, y escucha la siguiente frase dirigida a ella:
“Mami, hace falta que no te me demores aquí adentro”
Mi esposa no podía creer lo que estaba escuchando. Y mucho menos que fuera con ella. Todo era, por la cartera que ella tenía.
“Mami, no te me demores más, porque con esa cartera no puedes estar aquí adentro”
No era una mochila, no era un saco, no era un jabuco. Era una cartera mediana. La que está en la foto.

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