Si el viento es un enemigo en potencia, la lluvia no lo es menos, porque engorda los ríos que bajan de las lomas, y los que ayer enseñaban su espinazo pedregoso, como el Yateritas, hoy se desbocan hacia el mar, indetenibles, enfurecidos, arrasadores.

Esa fue la primera impresión en un re­corrido a lo largo de unos 50 kilómetros de la franja costera sur de Guantánamo, conocido también como el semidesierto cubano, donde las precipitaciones son mí­nimas durante gran parte del año.

Entre la costa y el río, hacia Baracoa, apa­recen poblados y comunidades: Ma­quei­cito, Glorieta, Ocujal, Yateritas, Tortuguilla, y Bate Bate, a una docena de kilómetros de la cabecera del municipio de San Antonio del Sur, por demás, un lugar donde el mar jamás está tranquilo, según afirmaron residentes de la zona.

Varios pobladores de Tortuguilla coinciden en que jamás habían visto el mar tan embravecido. «Las olas pasaban y se es­trellaban contra las elevaciones; el aire ha­cía un ruido ensordecedor, suerte que mi vivienda está fuerte y resguardó a varias personas de la comunidad, porque en momentos como estos la familia cierra fila, codo con codo. Lo importante es salvar la vida y después salir a combatir», afirmó Landy Sánchez Samón, quien asumió parte de las tareas pues su esposa estuvo ausente por tener ingresado al hijo de ambos.

Precisamente, en el momento de la visita, Yordany Mendoza Martínez, salía del hogar de Landy, donde él y sus tres hijos pasaron el vendaval. «Días antes nos habían comunicado que era muy probable que el ciclón entrara por las provincias orientales. Teníamos la experiencia del huracán Sandy, que le arrancó 12 viviendas a Tortuguillas, pero este fue peor, aunque no tumbó ninguna casa».

A sus seis años de edad, Yusnel Mendoza Domínguez afirmó a los reporteros que el ruido del aire y las olas no lo dejaron dormir, pero no está bravo con Matthew porque no pudo llevarle los juguetes que es­condió debajo de la almohada.

En total, solo en Tortuguilla fueron evacuadas poco más de 500 personas, entre las viviendas de los vecinos y la escuela primaria Reinaldo Boris Luis Santa Co­loma, donde estudia Yusnel.

Este fue el primer acercamiento del equipo de reporteros de este diario, en un in­tento baldío por acercarse a Baracoa, la Primada de Cuba, con quien Matthew no tuvo clemencia, ni creyó en su rejuvenecimiento ni en el  cumpleaños 505, cumplido en agosto pasado.

(REPRODUCIDO DE GRANMA.CU)

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