Los constantes temblores que llevan una semana registrándose en el lago Saltón, California, han puesto en alerta a todo el estado. La magnitud de los movimientos sísmicos se sitúa entre 1,4 y 4,3, pero su peligro reside en poder despertar la falla de San Andrés, un límite tectónico entre la placa norteamericana y la placa del pacifico, que cruza california de norte a sur.

Los seísmos se han detectado a una profundidad de entre cuatro y nueve kilómetros, cerca de un grupo de fallas de desgarre directamente conectadas con el extremo sur de San Andrés. El problema es que la mayoría de ellas ejercen presión sobre la falla de San Andrés cada vez que se produce un temblor.

Los expertos llaman a la calma en cuanto a las previsiones de un posible gran terremoto. Si bien con el paso del tiempo disminuyen las probabilidades de que se produzca, la falla no para de recibir carga de sus vecinas, por lo que las alertas siguen encendidas.

En caso de producirse, se habla de un terremoto de grado 7, cuyo epicentro se localizaría al sur de California, y llegaría a durar hasta dos minutos. El área afectada incluiría desde los valles de Coachella y Antelopee, hasta la zona poblada de Inland Empire, llegando incluso a Los Ángeles.

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