Guía para disfrutar de Acción de Gracias sin excederse (y sin ganar peso extra)

Pavo, salsa de arándanos, relleno, puré de papas, una buena colección de tartas… El festín de Acción de Gracias es una bomba calórica que asusta a las personas preocupadas por su línea. Y, sin embargo, es posible disfrutar de las fiestas sin culpas ni la necesidad de pasarse el mes posterior subiendo escaleras.

Comencemos por la buena noticia. La percepción común es que ganamos 4 o 5 libras tras las fiestas que comienzan ahora, pero la realidad es otra. Una revisión de estudios de 2014 mostró que, como media, la ganancia de peso es de una libra. El estudio volvió a repetirse en 2017 con resultados parecidos: solamente una libra. Sin embargo, -y aquí llega la mala noticia- esta ganancia es significativa porque, si sumamos 20 años acumulados de festividades, nos encontramos ante un problema. No es que las fiestas sean peligrosas, ni que tengamos que comer un plato de espinacas en lugar del pavo. Lo importante es resaltar que la obesidad es una pandemia en este país y los hábitos alimenticios, los del día a día, no los de las fiestas, deben cambiar. Dicho lo cual, presentamos siete recomendaciones para disfrutar de las fiestas sin excesos ni culpabilidades:

1. Un día es un día
Demasiada estrategia puede arruinar el placer que supone este evento. Podemos echar mano de la socorrida frase “un día es un día” porque, si de verdad se cumple, no estropeará nuestra dieta. Lo que realmente importa es la influencia de la cena de Acción de Gracias en los siguientes cuatro días, y por eso debemos procurar dejar una nevera libre de las sobras más calóricas, como las tartas. “Si nos centramos demasiado en lo que estamos haciendo mal, nos alejaremos del disfrute de cocinar y comer”, escribe el experto en nutrición Aaron E. Carroll. Conviene añadir que Carroll tiene un manifiesto con reglas sencillas para comer de forma más saludable, y la cena de Acción de Gracias respeta los dos puntos que considera más importantes: “Come con otras personas, especialmente personas que te importan” y “come tanta comida casera como sea posible”.

2. Comienza la jornada con ejercicio
Hacer ejercicio por la mañana puede ayudarnos a “portarnos mejor” a lo largo del día, según un estudio del diario Medicine and Science in Sports and Exercise que encontró que las participantes que se ejercitaban temprano se movían más durante el resto del día y además hacían menos caso a los alimentos más tentadores.

3. No hagas dieta todo el día para inflarte por la noche
Te muevas o no, hacer dieta y reservarte para comer más por la noche es un error. Esta es la estrategia equivocada porque, según expertos como la nutricionista Liz Weinandy supone que te estés preparando mentalmente desde la mañana para poner un montón de atención en la comida y las calorías y, posiblemente, inflarte. Es recomendable ingerir un desayuno saludable -con huevos, fruta y pan integral, por ejemplo- y comer algo ligero antes de ir a la fiesta para asegurarte de no estás súper hambriento.

4. Come con conciencia
El truco no solo está en qué comer, sino en cómo. Comer con conciencia, masticando lentamente y siendo más conscientes de lo que ponemos en el plato (no sirviéndonos enormes raciones, por ejemplo), nos ayudará no solo a comer menos sino a disfrutar más de lo que ponemos en el plato. “Si al comer conectamos con nuestra propia experiencia y con la gente que cultivó, sirvió y cocinó la comida, estaremos más satisfechos, incluso si la comida es escasa. Este es el regalo de una comida con conciencia: restaura nuestro sentimiento de satisfacción sin importar lo que estemos comiendo”, escribe Jan Chocen Bays, autora de varios libros sobre el tema.

5. “No, gracias”, una respuesta siempre a mano
Buena parte de la presión de las vacaciones -y del peso de más- se explica por nuestras ganas de portarnos como los huéspedes más educados. Por eso hay que aprender a rechazar platos con cortesía, aunque sea esa tarta de calabaza hecha con mucho cariño, si no te apetecen. “No es tu responsabilidad hacer feliz a alguien comiendo de más, incluso si le llevó horas preparar ese plato”, dice la nutricionista Evelyn Tribole.

6. Sé cuidadoso con lo que eliges
Al hilo del punto anterior, es importante echar un buen vistazo al bufet antes de lanzarse a atiborrar el plato. Si eliges la comida que más te gusta y la comes moderadamente, quizá puedas rechazar esos caprichos que te pondrán en un apuro más tarde.

7. Limita el consumo de alcohol
Beber menos alcohol es siempre una buena idea, ahora que sus supuestas ventajas están más y más en entredicho. El alcohol, por otro lado, es muy calórico y nos hace más desinhibidos e irreflexivos. Es una buena idea no beber más de dos copas por la noche, y entre trago y trago intentar beber cuanta más agua mejor. En cuanto los refrescos, reserva las calorías para las opciones más apetitosas y nutritivas. Las light o zero no son una buena alternativa. Como apunta esta investigación, el consumo de bebidas edulcoradas (o sea, sin azúcar) también está relacionado con el incremento del riesgo de padecer obesidad.

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