Pasadas las once de la mañana Camagüey comenzó a sonar. El Casino Campestre fue la mejor “sala” para el alumbramiento de las primera notas, sobre todo porque las “pujaron” los más nuevos de los nuestros.

Los Gemelos de la Salsa y Timba a media, muchachos del Conservatorio de Música José White, demostraron sus destrezas, y con estas, la vitalidad de la enseñanza artística en la provincia. Pero como Sonido Camagüeyano se trata de interacción, de aprendizaje, de celebración, de trueque de maneras, no podían faltar los maestros.

Y de los mejores aprendieron. Más allá del virtuosismo con la flauta, José Luis Cortés regaló una máxima-reconocimiento: “la música es una sola, no importa quién la toque”. Quizás por tal razón juntos “sonaron” como si los avalara horas de ensayos. Con Manolito Simonet al piano, el Tosco y Maykel Blanco instrumento o voz mediante, ocurrió la mejor de las lecciones; los alumnos pusieron el deseo, la vibra.

A nombre del “Trabuco” Ricardo Amaray agradeció por los ardores que ya marcaron este inicio del festival; son buenos los presagios de las horas por venir. Desde las tres y hasta las seis de la tarde, estarán en el Casino las agrupaciones camagüeyanas Lágrimas Negras, PP Band y el Septeto Camagüey. Luego se traslada el convite para la Plaza de la Revolución Ignacio Agramonte, donde amenizarán otros conjuntos locales y las orquestas nacionales invitadas como Van Van, N.G. la Banda, Maykel Blanco y su Salsa Mayor, y el propio Trabuco para el cierre del evento.

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